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Esnobismo lúdico

Jueves, 9 de diciembre de 2010

Tempus Fugit

Lo primero un preludio con algo de historia sobre el término. “Un esnob (anglicismo de snob) es una persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etc., de aquellos a quienes considera distinguidos o de clase social alta; para aparentar ser igual que ellos. Deseosos de pertenecer a la élite, los snobs tienden a reproducir el comportamiento de una clase social o intelectual la cual consideran superior. Muchas veces, imitan las características de esta clase, ya sea de lenguaje, los gustos, modas y estilos de vida. Al mismo tiempo, tratan con desprecio a los que consideran inferiores” (sacado de la wikipedia).

Bien, pues bien, dado la espiral lúdica o segunda época dorada en que nos vemos inmersos en la actualidad en España, parece ser que hay una hipotética clase intelectual que considera que cualquier juego que tenga más de 6 meses de existencia deja de ser interesante y de salir a mesa. Simplemente, parece ser que el canon dictamina que un juego de mesa tiene esa fecha de caducidad (aunque por suerte varía en cada uno) y pasado este tiempo directamente se convierte en un ser apestado del que se huye y se reniega.

No entiendo la razón o ese ansia de tener que comprar compulsivamente cualquier novedad que salga al mercado que venga precedida de un mínimo hype (de esto hablaré en otro artículo que también da para mucho). Y es más, hay que jugar y probar todo que sale al mercado, y si puede ser compulsivamente y rodeado de más personas de la élite, con las que te sientes como pez en el agua y con las que utilizas una jerga especial para comunicaros entre vosotros, mejor que mejor. Basta con acudir a cualquier jornada medianamente populosa para darse cuenta que siempre hay un grupúsculo de gente (los reconoceras fácilmente porque suelen llevar las bolsas de juegos más grandes o incluso algo más sofísticado como carros de la compra o troleys) que tiene la necesidad imperiosa de tener que probar, jugar y destripar cada una de las novedades en el mercado. Desconozco si en lugar de esnobismo de lo que estoy hablando es de una adicción médicamente tratable. Lo que sí que tengo claro es que, sea como sea, quienes logran su meta liberan en este placentero proceso gran cantidad de endorfinas –las que además refuerzan o potencian su sensación de bienestar–.

Por favor, dime que no tengo razón y que lo molón no es jugar al último juego que ha sido premiado, o a ese que más rápidamente ha ascendido en el top de BGG, o al que se va a publicar en unos meses, sí o sí. Dime que no hay gente que disfruta leyéndose cada uno de los reglamentos que se van liberando de las novedades  lúdicas y, una a una, todas las reseñas y videoreseñas que nacen en la red de redes. Hay una sensación (posiblemente falsa) de necesidad. Dicen que el saber no ocupa lugar, ¿pero es necesario llevarlo a un punto tan extremo?

Y digo yo, y esto para mí es lo más grave (al fin y al cabo yonkis siempre ha habido y habrá), ¿significa esto que los demás juegos pasan a convertirse en mero cartón-piedra o artículos de decoración? Esta forma de mimetismo social o manera de actuar no deja de sorprenderme, ¿qué ha sido de ese romanticismo de disfrutar y jugar regularmente al mismo juego? ¿Cuándo eras niño no disponías de una ludoteca de 100 juegos y no jugabas a diario? ¿La culpa de todo la tiene el neocapitalismo? ¿Realmente valoramos en su justa medida cada juego que poseemos en nuestra ludoteca? ¿Es necesario comprar y comprar cada una de las novedades que nos ofrecen en el mercado? Haz acto de conciencia y respóndete a esta pregunta internamente, ¿te compras y pruebas cada uno de los yogures que pueblan la sección de refrigerados de tu supermercado habitual? Si la respuesta es negativa, créeme eres un esnob lúdico.

Juegos de Mesa ,