Es un viejo tema en el que siempre habrá discusión.
Tal como dices, ya sea en el ambito de los juegos de mesa, de la literatura, música o cine (este menos, salvo en su parte literaria -el guionista-), el autor es el que menos se lleva del pastel de la edición. Si yo fuera autor (a veces lo soy, a veces no), antes que cargar contra mi futura clientela como hacen algunos con el tarro comido, primero cargaría contra la industria e intermediarios, que obtienen pingües beneficios (o por lo menos, pingües comparados con los míos) pero que dejan reducida mi ganancia a lo mínimo posible.
Estoy de acuerdo con este comentario y con muchos de los que han respondido. Principalmente en los aspectos que tienen que ver con que el impacto no afecta realmente, y en reconocer que la cultura es una cadena que se va reproduciendo a partir de la puesta en común.
Si las personas tienen a mayor acceso a las creaciones seguramente beneficiará a la creación, ya que habrá más conocedores y conoceremos más cosas. Inspirará a más gente, y hasta habrá más diseñadores.
Con respecto a las cuestiones económicas creo que habría que agregar (ya que no basta con que los impactos no sean importantes, porque si lo fueran igualmente estaría de acuerdo con el print and play), que la forma de distribución de las creaciones, y de los productos en general, terminan atentando contra el desarrollo de la cultura. Hay cuestiones que se nos terminan presentando de forma contradictoria. Me refiero a que cualquier producción cultural u obra de arte, tiene como finalidad última y esencial en su función social el llegar a otros, producir emoción, hacer reflexionar, generar vínculos, etc. En la forma en que nos relacionamos en esta sociedad, se le adhita, gracias a la forma de distribución de todos los bienes, que esta finalidad esté mediada por el mercado. Esto termina siento una traba a la llegada a más gente.
En cuanto al favor económico que le dejamos de hacer al autor, ademas de decir que en este mismo momento la difusión de sus obras termina favoreciendoles más aún, quisiera agregar que si despojáramos la sociedad del mercado como forma de distribución de los bienes, se podría proveer a los artistas de todo lo que necesitan para vivir y darles todos los medios para que se difunda libremente sus creaciones, y de esta manera funcionaría sin ataduras, o al menos sin las que conocemos.