
La prostitución en el Londres decimonónico era algo de lo más habitual, llegándose a calcular un número de 2.000 mujeres dedicadas a ello en los barrios bajos, y ya en torno los años cincuenta, las estadÃsticas policiales llegaron a contabilizar hasta 8.600 (lejos de la cifra dada por la prensa que rondaba las 120.000). Sin embargo la clandestinidad implÃcita del acto provocará que el número total de prostitutas sea desconocido.
La mayorÃa de estas prostitutas eran mujeres de muy diversa nacionalidad (aunque predominaban las alemanas y las irlandesas, sobre todo en el ejército), y se dedicaban a ello exclusiva o parcialmente (muchas mujeres se dedicaban a la prostitución después de finalizar su horario laboral, y eran conocidas como las dollymops). Y a pesar de lo que se pensaba en la época, la mayor parte de ellas se dedicaban a ello por placer. Ya que los salarios de la mayor parte de los trabajos eran excesivamente bajos, las costumbres ligeras (entre las clases bajas el sexo no estaba tan mal visto por lo que una vez comenzaban, y descubrÃan que ganaban más dinero, no lo abandonaban), la vanidad (era la única forma de lograr vestidos que no fueran de sarga o complementos de todo tipo), los empleos sedentarios combinados con la falta de ejercicio fÃsico y finalmente la ausencia, en la mayorÃa de los casos, de cualquier tipo de atención por parte de los padres.
Muchas de ellas, comenzaban prostituyéndose en las calles con una clara ansia de promoción social. La gran mayorÃa de ellas no lo lograba pero, anhelaban como un sueño la obra de “la Quillaâ€, hija de un marinero irlandés de Liverpool que sedujo al marqués de Harlington, al duque de Devonshire (quien la instaló en una casa en Mayfair), a Sir Edwin Landser y a Alfred Austin. En los años sesenta marchó a ParÃs y se la pierde de vista tras su relación con Achille Fould. Otras prostitutas conocidas por casarse con un aristócrata fueron Laura Bell, Agnes Willoughby y Kate Cook.
Pero la realidad es que la mayor parte de las prostitutas no tenÃan dinero casi ni para subsistir.
SolÃan ubicarse sobre todo en los barrios más pobres del West End, destacando sobre todo Whitechapel, aunque también podÃamos encontrarlas cerca de teatros, centros de ocio masculinos, y en burdeles de mejor o peor categorÃa. Cada noche podÃan llegarse a juntar hasta más de 500 más allá de Regent Street. Es más, a partir de las tres de la tarde, era casi imposible que una mujer honesta bajara de Haymarket hasta el Strand.
Iban excesivamente maquilladas, con mucho colorete y polvos en la cara, vestidos parecidos a los de las damas pero de colores más chillones y de telas más baratas (aparte de que esos vestidos solÃan estar sucios). Llevaban sombreros con plumas exageradas y la ropa interior utilizada era reducida a la más mÃnima expresión.
De todas formas muchas mujeres ejercÃan la prostitución en contra de su voluntad, por lo general en burdeles o casas, y muchas de ellas sin haber alcanzado siquiera la edad núbil. Ya fuera por haber sido vendidas, entregadas como pago o por haber sido seducidas (aunque tan sólo un 4 % se podrÃan enclavar en esta categorÃa según Merrick). En este tipo de burdeles se tendÃan a hacer subastas de estas mujeres, siendo las que mayores precios obtenÃan las niñas vÃrgenes que no habÃan alcanzado la edad núbil.
Una gran fuente de información para hacernos una idea más clara, fue la obra llevada a cabo por el Reverendo G.P. Merrick, capellán en la prisión de Millbank, en 1890. Calculó que más del 90 % de las prostitutas encarceladas eran hijas de obreros semi o no especializados, y más de la mitad de ellas habÃa trabajado como criada.
Ya refiriéndonos a las prostitutas acogidas en los centros de caridad, podrÃa decirse que más o menos el 60 % vienen de familias monoparentales, ya fuera por muerte de uno de los progenitores o a que se desconociera el padre. Y la edad media a la que se declaraba haber perdido la virginidad era a los 16 (pero tan sólo entre las anglicanas que sabÃan leer y escribir). Aunque lo normal es que una mujer comenzara a dedicarse a la prostitución a partir de los 18 – 19 años.
Esta edad es algo más elevada gracias a sucesivas leyes por las que la edad núbil de las niñas aumentaba, asà hasta 1871 eran los 12 años, después ese mismo año se pasó a 13 y a partir de 1875 a 16 años. Esa legislación más represiva, llevó también a crear asilos para prostitutas, a disminuir notablemente el número de “casas de tolerancia†ubicadas principalmente en la Avenida Radcliff (el cierre de esos locales provocó el traslado masivo de prostitutas a terrazas de los Music Hall, sobre todo a partir de 1860), y finalmente en 1885 a castigar el trato de blancas, imponiéndose penas carcelarias y multas a los propietarios de locales, asà como a aquellos hombres que mantenÃan amantes.
De todas formas, la prostitución no era legal, pero a pesar de la Metropolitan Police Act de 1839, por la que se intentó erradicar de las calles, no se logró mucho. Es más, se llegó al punto de que los ciudadanos respetables las defendÃan por el trato recibido por la policÃa.
Se crearon asà numerosos hogares y asilos para prostitutas, en los que se pretendÃa que dejaran atrás su trabajo y se reintegraran en la sociedad. En Mayhew por ejemplo habÃa 19, con nombres tan rimbombantes como “el asilo para mujeres arrepentidas de Gran Bretañaâ€, también podÃamos encontrar en Islington o en Euston Road. Muchas de las mujeres que salÃan de estos centros solÃan ser enviadas a las colonias como criadas, dónde la mayorÃa volvÃa a reincidir.
Otro de los grandes problemas de la prostitución fue la transmisión de enfermedades venéreas, llegándose a establecer que más de un tercio de las enfermedades sufridas por el ejército británico eran de este tipo. Lo que llevó a que entre 1864 y 1869 se votaran leyes para controlar la expansión de este tipo de enfermedades, leyes que se aprobaron en más de 11 ciudades con guarnición y puertos comerciales, pero no en Londres. Se estableció que toda aquella prostituta que quisiera trabajar en estos lugares debÃa declarar su actividad y, por lo tanto, entrar a formar parte de una lista. Cualquiera de ellas que levantara sospechas de poseer algún tipo de enfermedad debÃa ser sometida inmediatamente a un examen médico, de no superarlo se le prohibirÃa continuar prostituyéndose, pero si se negaban a someterse a ese examen serÃan conducidas hasta un juez. Toda prostituta declarada enferma debÃa ser ingresada en un hospital supuestamente especializado y que recibÃa el nombre de lock hospital.
El problema en Londres fue que desde un principio se acusó unilateralmente a las prostitutas de la transmisión de este tipo de enfermedades. Lo que provocó un gran movimiento de afinidad hacÃa ellas encabezado por Josephine Buttler, esposa de un director de escuela de Liverpool, y por el que se terminó reclamando el derecho a que la mujer tomara la iniciativa para poder enfrentarse a las normas sexuales establecidas por la sociedad. 16 años después y con un gran apoyo masculino lograron que la anterior ley fuera derogada por ser un ejemplo de discriminación sexual.
Este movimiento llegó incluso a hacer eco en las damas de la burguesÃa, que llegaron a declarar que el matrimonio no estaba excesivamente lejos de la prostitución. Además aseguraron que sin castidad masculina, nadie debÃa esperar castidad femenina, o sino que dejando atrás la moral establecida en la época, se dejara a una dama satisfacer sexualmente a su esposo.
La prostitución homosexual también existÃa, pero la rÃgida moral de la época la supeditaba a burdeles clandestinos, o a los rincones más oscuros del West End.
CHARLOT, M./ MARX, C. (Dir). : “ Londres 1851-1901â€. La era victoriana o el triunfo de las desigualdadesâ€. Editorial: Alianza
Etiquetas: londres, prostitución


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